EL ESTADO DE EXCEPCIÓN

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Por: Fuensanta Medina

 

En este artículo hago un reconocimiento público a la excelente formación que recibí de mis maestros en la Licenciatura de Ciencia Política en la Universidad Autónoma Metropolitana. Los sucesos actuales que está enfrentando Michoacán, y que al propio tiempo nos preocupan a muchos mexicanos de otros estados, me hacen recordar aquellas clases en las que mi  Maestro uruguayo, quien en los años 70’s tuvo que huir de la dictadura militar de su patria refugiándose en la  Escuela de Altos Estudios de París, donde finalmente obtuvo un doctorado.

Este Maestro, nos enseñó a mí y a mi generación, y seguramente a otras muchas, a leer con gran rigor la Teoría Marxista y a muchos de sus principales exponentes. Seguramente por ello, anoche después de que apague la televisión y de haber escuchado varios noticieros nacionales y algunos programas de análisis político, no pude menos que recordar la obra de Nicos Poulantzas sobre Fascismo y dictadura. En dicha obra el gran teórico griego del marxismo, analiza con gran acuciosidad como se define un estado de excepción y como, también el derecho es uno de los elementos que tiene todo estado para poder gobernar.

 Y dice Poulantzas: “El estado de excepción se caracteriza por una modificación peculiar del sistema jurídico…” y agrega en otro párrafo más  adelante :” Si el derecho organiza el juego del poder del lado de las clases dominantes, lo organiza igualmente del lado de las clases dominadas….Es, entre otras cosas, porque este derecho de clase, es decir, de lucha de clases, regula igualmente las formas de ejercicio del poder respecto de las masas populares: la represión física organizada se realiza de acuerdo con las reglas establecidas. El aparato de Estado se halla, en general, sometido a las reglas que el mismo decreta.”

Cuando recuerdo estos textos que seguramente muchos analistas políticos conocen, me pregunto porque no tenemos el valor de reconocer que lamentablemente en nuestro país, en algunas partes del territorio nacional, se ha establecido de facto un estado de excepción como hoy es el caso de Michoacán. En este mismo hilo conductor, destaca la propuesta formulada por el titular del poder ejecutivo federal  en octubre del año pasado sobre  la reglamentación del artículo 29 constitucional, la cual dice tiene por objeto regular el ejercicio de las facultades de las autoridades.

Indica que estas modificaciones a la Ley Reglamentaria del Artículo 29 establecen los supuestos en los que será procedente someter a consideración del Congreso, o de la Comisión Permanente, la suspensión de derechos y sus garantías. Además de la invasión y perturbación grave de la paz pública; se encuentran las afectaciones graves a la seguridad nacional, en términos de la ley en la materia; las afectaciones graves a la seguridad interior, de conformidad con las disposiciones legales aplicables; y las afectaciones graves a la salud pública o desastres naturales o antropogénicos de gran magnitud e impacto a la población.

La aceptación de que estamos, o que por lo menos Michoacán está  bajo un estado de excepción, aunque de ninguna manera es deseable, establece reglas más claras sobre el ejercicio del poder y sabrían a qué atenerse los vulnerables grupos de autodefensa y la inerme población civil. 

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