EL DEBATE DE LOS TRANSGÉNICOS

 

“Nada personal…
Todo público”

A semejanza de los campesinos, quienes en palabras de Arturo Warman (1998), inventan el maíz diariamente, confiamos en que a través del diálogo entre diversos sectores de la sociedad, sea posible “inventar” al maíz recordando su origen, evolución y devenir en un panorama poco alentador pero con alternativas viables fundamentadas precisamente en la cultura y tradición campesinas.

En el mundo moderno, el maíz forma parte de los siete cultivos más importantes además del trigo, arroz, papa, cebada, camote o batata y yuca o cazabe, alimentos que aportan cuando menos la mitad de los nutrientes que consume actualmente la humanidad.

En lo que a rendimiento promedio por hectárea se refiere, entre 164 países que producen maíz, México se coloca en el lugar 78 presentando un rendimiento promedio de 3.2 toneladas/ha. (el promedio mundial es de 5.2 toneladas/ha).

Bajo la premisa de que este es un problema de vital importancia para el desarrollo económico, social y cultural de México, lugar de origen del maíz; el asunto adquiere matices de verdadera seguridad nacional.

Actualmente el concepto de seguridad nacional comprende una serie de fenómenos, muchos de ellos trasnacionales con los cuales hay un desplazamiento progresivo hacia lo que se ha dado en llamar la seguridad humana, poniendo en el centro del debate y de la atención de las políticas públicas al ser humano.

La seguridad humana, en su concepción ampliada está definida por el acceso en forma libre de todos los seres humanos a la seguridad alimentaria, la seguridad sanitaria, la seguridad personal, la seguridad medioambiental y la seguridad económica.

De acuerdo con algunos avances en la investigación sobre los efectos nocivos de los productos transgénicos sobre la salud, sobre todo los realizados en animales de laboratorio, se sabe que el maíz MON 603 propiedad de Monsanto y autorizado para su consumo humano en México desde el año 2002 por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), provocó severos daños en una población de 200 ratas alimentadas con dicha semilla durante dos años.

Los hallazgos de los expertos, principalmente del Dr. Gilles-Eric Séralini y su equipo de investigadores de la Universidad de Caen, Francia, publicados en la revista Food and Chemical Toxicology en noviembre de 2012, revelaron que los roedores desarrollaron tumores, malformaciones, problemas hepatorrenales y muerte prematura (Séralini, et. al. 2012: 4221-4231).

Hoy la lucha se sigue dando porque continua siendo factible que el gobierno federal autorice la siembra en por lo menos 1 millón 400 mil hectáreas de la semilla MON 603 en los estado de Sinaloa y Tamaulipas.

Como el principal “atributo” del MON 603 es su tolerancia al glifosato, cuya principal cualidad es destruir la maleza presente en los cultivos respetando el producto de las semillas transgénicas, es evidente que las semillas criollas serán desplazadas y no será posible realizar policultivos como acostumbran nuestros campesinos.

La semilla transgénica MON 603 impedirá el cultivo asociado (policultivo) del maíz con el frijol y la calabaza y eliminará las plantas de teosinte que crecen de manera silvestre entre las milpas.

Han sido variadas y diversas las herramientas que las organizaciones civiles, educativas, grupos de intelectuales y científicos, incluidas las que promueven los Derechos Humanos, han utilizado para detener desesperadamente la siembra de semillas genéticamente modificadas.

De autorizarse el cultivo de productos transgénicos en nuestro país, el progresivo avance de estas semillas conducirá, por un lado, a la paulatina desaparición de semillas criollas que son producto de aproximadamente 7 mil años de adaptación al ambiente donde la experiencia empírica de los Campesinos mexicanos ha sido parte fundamental para su éxito biológico y, por otra parte,

Como bien señalan voces tan autorizadas como las del Doctor José Sarukhán y la Doctora María Elena Álvarez Buylla señalan que es un error pensar que los transgénicos son más productivos al propio tiempo, es pertinente destacar que por lo menos en México, la producción del maíz, tiene un gran contenido cultural y social ya que, nuestra agricultura tradicional es un quehacer eminentemente social y económico que trabaja como un organismo vivo.

Para concluir, quisiera retomar textualmente lo expresado en diversos foros y publicaciones por el Doctor José Sarukhán cuando señala, refiriéndose a la problemática de la autorización para la siembra de semillas genéticamente modificadas: “es una decisión claramente perteneciente a la responsabilidad de rectoría del Estado mexicano sobre la Seguridad y soberanía alimentaria del país.

Nota: esta colaboración se hace a partir de un artículo escrito por el Doctor José Luís Plata Vázquez y Fuensanta Medina Martínez, profesores investigadores del Colegio de San Luis, que habrá de publicarse próximamente.

*Fuensanta Medina Martínez Y José Luis Plata Vázquez

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