Orlando y las comunidades LGBT

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Por Cecilia Costero
Programa de Estudios Políticos e Internacionales
El Colegio de San Luis

La tragedia el pasado domingo en el bar nocturno Pulse en la ciudad de Orlando (sin contar otro ataque frustrado en Los Ángeles), dejó al descubierto la homofobia creciente contra diversos sectores sociales, que ha avivado no solo la islamofobia (Omar Mateen era un estadounidense, que juró lealtad al Estado Islámico) sino también al creciente debate sobre la compra de armas en los Estados Unidos en medio de su proceso electoral.

Pero sobre todo dejó a la vista, un tema todavía debatido en México y en el estado de San Luis Potosí sobre los derechos de los grupos LGBT.

Estas siglas hacen referencia, desde la década de los noventa, a las comunidades no heterosexuales dentro del contexto internacional. A través de la letra L se visibiliza la tendencia lésbica, la G denota a los gais, la B hace referencia a las poblaciones bisexuales y la T se refiere a lo trans (transexuales, trasvestis, transgéneros). Pero hay otras letras que denominan a un sector más amplio de la población como la P, que hace referencia a la pansexualidad, la A de los asexuales, la H a los heterosexuales aliados o las letras AN a la antrosexualidad.

La demisexualidad emocional o la intersexualidad congénita, camuflajean en todas estas letras, las relaciones que se vinculan a cómo se vive la sexualidad o a cómo se manifiesta el amor. Lo primero que esto confirma, es que la conformación de identidades va más allá de las visiones cartesianas que expresan erróneamente, solo en hombre o mujer, las pluralidades sociales.

Todas son orientaciones, ya sea hacia el sexo opuesto, hacia personas del mismo sexo, a la belleza, a lo estético o hacia las fuertes relaciones entre sexos diversos, que han permanecido a lo largo de la historia humana. Distinciones que no hacen más que corroborar la conformación de identidades que se solidarizan frente a la discriminación como un llamado urgente frente a la exclusión.

En México y el mundo la historia del movimiento LGBT, ha sido larga y penosa. Sin embargo, han conseguido despenalizaciones y a pesar de lo que han alcanzado mediante consentimientos y decretos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es poco lo que se ha avanzado en entidades federativas como San Luis, respecto al derecho a la unión civil y al matrimonio entre personas del mismo sexo, a la igualdad de derechos en materias como la herencia, la seguridad social, los beneficios fiscales, la adopción por parte de la comunidad LGBT, entre otros.

En el caso de San Luis Potosí, la Red Diversificadores Sociales ha estado atenta a la necesidad de incorporar en el Código Familiar algunos de estos puntos. El grupo de transexuales que aportó su opinión en la elaboración del Estudio Diagnóstico contra la violencia contra mujeres y niñas en el Estado (UNFPA/COESPO 2014), señalaron la precariedad y la exclusión en la que viven y se desarrollan. Afirmaron que “las opciones laborales son muy reducidas para personas en su condición y bajo este contexto sólo pueden aspirar a ser costureras, estilistas o lavanderas” pues ellas consideran que “la sociedad no nos acepta como personas capacitadas”.

Nos dijeron que entre 1979 y 1985, existía un convoy en contra de los grupos gais, transexuales y trabajadoras sexuales para “el arrastre”. Estos grupos eran perseguidos y violentados por la policía, les daban toques eléctricos en las patrullas, se les insultaba, las golpeaban y eran “arrastradas”, también se le conocía a esto como “racias” o “arrastre”: “(…) te sacaban encuerada del hotel y te pedían extorsión”:

Una de ellas nos dijo que “la corrupción se daba en la misma policía, todos estaban involucrados, vieron nuestro trabajo como un gran negocio y se llevaban al mismo cliente a fuerzas a sacar dinero de los cajeros donde tenían tarjetas bancarias. Esto nos metía en un problema con nuestros “amigos”, quienes pensaban que estábamos coludidas con los agentes”.

Por esta razón, decidieron organizarse. Tienen horarios específicos para dar atención al público; incluso cuentan con un fondo de ahorro propio conformado por ambos grupos de trabajadoras sexuales y transexuales, puesto que carecen de ningún tipo de prestaciones.

Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil se organizan para promover acciones conjuntas frente a gobiernos que han estado ausentes. Amigos Potosinos en Lucha Contra el SIDA proporciona asesoría en materia de Derechos Humanos, de VIH, de orientación sexual y legal y expresan que “La violencia se vive cuando no sabes de sexualidad”. Para Animos Novandi, A.C. “(…) la vida sexual no es la genitalización (del cuerpo) es el Todo” y atiende principalmente a la población joven, entre los 15 y 16 años de edad, quienes ya tienen una vida sexual activa, y afirman, en base en los principios y objetivos de esta organización, esta vida “debe ser para ellos una vida placentera y responsable”.

México ha avanzado en términos normativos y en la incorporación constitucional del tema de los derechos humanos. También en impulsar una reforma penal, que tomará mucho más tiempo para que permee y sea efectiva en las instituciones de seguridad y justicia. Lo que ya no puede esperar es el poder crear un estado de derecho, donde el “individualismo precario” incluya y de lugar a una verdadera ciudadanía. El primero constitucional es claro, ojalá avancemos con las comunidades LGBT en todos estos temas pendientes que tiene, entre otros poderes del Estado, el Legislativo estatal.

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