Primer Simposio de Cátedras CONACYT

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Formar una masa crítica de capital humano altamente calificado que incremente y fortalezca la capacidad de generación, aplicación y transferencia de conocimiento en los temas y las áreas prioritarias para el país, a través de su incorporación en Centros Públicos de Investigación y universidades es el objetivo que se propuso desde su creación en el año 2014 el Programa Cátedras CONACYT así lo refirió Lorena Archundia, responsable del programa en la Dirección Adjunta de Desarrollo Científico.

Los días 16 y 17 de agosto se llevó a cabo el Primer Simposio de Cátedras CONACYT en donde participaron los cinco investigadores de este programa que pertenecen a El Colegio de San Luis.

Lorena Archundia consideró que el programa ha tenido un “impacto visible” por las aportaciones de los jóvenes investigadores e informó que en 2014 había 574 plazas del programa en todo el país, mientras que en 2018 suman mil 509 espacios de académicos. Los investigadores de este programa participan en al menos 35 proyectos de consorcios CONACYT, el 78 por ciento pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores, el 40 por ciento son mujeres y la edad promedio es de 36 años.

El Dr David Salguero, presidente del COLSAN en su intervención durante la ceremonia de apertura destacó la relevancia de las aportaciones de las Ciencias Sociales (Las Ciencias Sociales hoy) y dijo que “los 21 años de existencia del COLSAN se han distinguido por su generación de conocimiento con utilidad social, pues sus investigaciones se han traducido en una importante contribución a los estudios que exploran la relación entre el hombre y su medio ambiente, los tejidos de redes de relaciones sociales, el impacto de las políticas públicas, las formas de organización social en el pasado y en el presente, las prácticas rituales, los sistemas agroalimentarios, las narrativas literarias de los siglos XIX y XX, los sistemas productivos en el campo mexicano, la historia política y económica, el patrimonio cultural, las diversas dimensiones de las relaciones internacionales”, entre otros aportes.

San Luis Potosí tiene al seis por ciento del total de Cátedras CONACYT en diferentes instituciones académicas, cinco de ellos laboran en El Colegio de San Luis y son: Dr. Jorge Morán Escamilla, Dr. Edgar Talledos Sánchez y Dr. Alberto Velázquez Zapata del programa Agua y Sociedad y Dra. Mónica Anzaldo y Dr. Marco Antonio Montiel Torres, ambos del programa de Estudios Antropológicos.

Los investigadores del Colsan participaron en el simposio con los siguientes temas: agenda social del agua: fortalecimiento de las capacidades sociales frente a riesgos hidrometeorológicos, Apropiación social de la agenda de innovación de los sistemas agroalimentarios en SLP y Formas campesinas de producción de alimentos en las zonas áridas del Norte de México.

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Foro Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2018

El Colegio de San Luis participó como expositor en el Foro Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2018 durante los días 7 y 8 de agosto. La inauguración y Conferencia Magistral estuvo a cargo del Doctor Enrique Cabrero Mendoza, Director General del CONACYT, además se lanzó la Convocatoria 2019 del Programa Estímulos a la Innovación.

El Foro se realizó en el World Trade Center de la Ciudad de México y se realizaron, paneles, mesas de trabajo, talleres y presentaciones editoriales. Conacyt mostró a la comunidad científica y al público en general los logros más importantes y trascendentes que se alcanzaron en el sexenio.

Enrique Cabrero informó que a pesar de las dificultades financieras se logró un crecimiento en el presupuesto de 0.49 por ciento en los primeros años de la administración aunque reconoció que se debe incrementar la inversión en materia de ciencia, tecnología e innovación tanto por parte del gobierno como del sector privado.

El Colegio de San Luis participó en colaboración con otros Centros Públicos de Investigación que pertenecen a la Coordinación cinco de acuerdo a la reingeniería reciente del CONACYT. La Coordinación cinco se denomina de los Procesos de la Sociedad y la Cultura y congrega además del COLSAN al Colegio de Michoacán, al Instituto Mora y al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

En la Coordinación cinco suman más de 382 investigadores de los cuales el 75 por ciento pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores, los cuatro Centros de Investigación suman 33 posgrados inscritos en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad y hay más de 650 alumnos que contribuirán de manera activa al desarrollo de las ciencias sociales y las humanidades.

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El Colegio de San Luis presentó además algunas de las obras de investigación publicadas a través de libros de su Fondo Editorial y se exhibió la Lotería de Personajes Sobrenaturales, que es un proyecto del Programa de Estudios Literarios.

Encabezaron la participación de El Colegio de San Luis, el presidente David Vázquez Salguero y la Secretaria Académica Claudia Carranza, estuvieron también los titulares de los 27 Centros Públicos de Investigación del CONACYT.

Las ciencias sociales hoy

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David Eduardo Vázquez Salguero

El Colegio de San Luis

 

Cuando fue fundado El Colegio de San Luis, en el año de 1997, éste apenas contaba con un puñado de investigadores, muchos de ellos recién concluyendo su maestría en algún posgrado vinculado con las Ciencias Sociales y las Humanidades. Muy pocos, uno o dos contaban con el grado de doctor. No todos eran potosinos, quizás poco más de la mitad. Paulatinamente fueron consolidando sus carreras científicas, ya fuera adquiriendo los grados de doctor, realizando estancias fuera del país, o publicando en el incipiente programa editorial.

Los caracterizaba un común denominador: su compromiso con encontrar soluciones a los desafíos del estado y la región, y su afán por contribuir a la construcción de una sociedad más justa, equilibrada y próspera basada en el conocimiento científico.

Esa generación de entonces jóvenes investigadores fue madurando y aprendiendo en el camino no sólo a hacer investigación, sino a consolidar una institución, un camino arduo y en ocasiones incierto, pues las ciencias sociales y las humanidades habían estado ausentes en las instituciones de educación superior del estado por más de 50 años. Esa ausencia dañina ahora se ha revertido y con un renovado impulso. En este devenir la plantilla de profesores-investigadores creció significativamente de manera muy interesante, pues en este momento la mayoría es de un estado distinto a San Luis Potosí, tienen un promedio de edad de 50 años, con especialidades muy diversas y han tejido redes en los ámbitos nacional e internacional.

Los 21 años de existencia del COLSAN se han distinguido por su generación de conocimiento con utilidad social, pues sus investigaciones se han traducido en una importante contribución a los estudios que exploran la relación entre el hombre y su medio ambiente, los tejidos de redes de relaciones sociales, el impacto de las políticas públicas, las formas de organización social en el pasado y en el presente, las prácticas rituales, los sistemas agroalimentarios, las narrativas literarias de los siglos XIX y XX, los sistemas productivos en el campo mexicano, la historia política y económico, el patrimonio cultural, las diversas dimensiones de las relaciones internacionales, en fin, un sinnúmero de temas cuya profundización se mantiene vigente y en algunas caso son de urgente atención científica. Ese compromiso con el conocimiento se observa de manera importante, pero incompleta en los más de 450 títulos de nuestro fondo editorial publicados hasta el día de hoy.

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El COLSAN y sus profesores han formado a casi 600 científicos sociales en las áreas de la antropología, la ciencia política, la historia, la literatura y en general las ciencias sociales através de 10 programas docentes.

Durante las más de dos décadas que hemos realizado investigación de impacto y conocimiento científico con utilidad social, hemos aprendido que los ritmos son importantes, que la búsqueda de alternativas para la indagación y la organización institucional debe ser constante; que la apertura de la mente y la imaginación juegan un rol fundamental para que la creatividad devenga en generación de conocimiento.

Por ello no nos acongoja el futuro, a pesar de los retos que nos plantea como país, sino que al contrario nos entusiasma porque tenemos la oportunidad de contribuir con mucha más experiencia que antes, a la construcción de un país más sólido, próspero y unido. Nos crea muchas expectativas pertenecer ahora a tres consorcios de investigación impulsados por CONACyT (CIIDZA, CIDIGLO y AGUA). Nos enorgullece y satisface pertenecer a un Sistema de Centros Públicos de Investigación robusto, dinámico y con capacidad de respuesta inmediata ante los desafíos científico-sociales.

En el presente las Ciencias Sociales se han desarrollado significativamente en México, en donde se ha dado un impulso renovado y creativo gracias a una comunidad de científicos sociales robusta, creativa e inquisitiva; libre en su pensar y actuar, pero a la vez responsable y comprometida. Es una comunidad actualizada en sus conocimientos, métodos y técnicas de investigación.

El compromiso de las Ciencias Sociales y de quienes las desarrollan está con su entorno, no sólo con sus disciplinas, sino con sus pares académicos, y sobre todo con los problemas que enfrenta el país.

Las instituciones que hoy están aquí se vinculan para realizar investigación y formación de recursos humanos, así como para difundir los resultados de sus proyectos, lo que da testimonio de su obligación y de su visión al poner de frente el análisis de las realidades tan diferentes y desequilibradas que tiene México.

El presente nos ofrece posibilidades para profundizar en el análisis y encontrar el ingenio, la creatividad para lograr que el conocimiento resulte de utilidad para la sociedad; para que el pensamiento científico prevalezca en la toma de decisiones y nos lleve a gozar nuestra libertad con mucha mayor plenitud.

Por otra parte, las ciencias sociales también tienen el compromiso de contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la política científica nacional. Es ahí donde se requiere ampliar, con un sentido de urgencia, nuestra voz y presencia.

La gran variedad de temáticas que se estudian actualmente, son la expresión no sólo de los intereses académicos, sino de los asuntos que requieren una inmediata atención por todos los sectores: la academia, el gobierno, el sector productivo y el sector social.

La interacción entre la academia, el gobierno, el sector social y el sector productivo tiene a la mano todo lo necesario para funcionar como un círculo virtuoso y aumentar sus relaciones a favor de mejores condiciones de vida para los mexicanos, los mexicanos del hoy y del mañana.

Tomemos ventaja de las diferentes ideas que concurren en nuestras instituciones para fortalecer nuestro sentido de identidad y pertenencia a una nación que tiene necesidad de que juntos construyamos un futuro común.

La academia es el espacio apropiado para el encuentro, la concordia, la conciliación, el reconocimiento mutuo, la inteligencia, la creatividad y la razón. Hagámonos presentes en la sociedad con ese compromiso.

Los jóvenes investigadores que se reunirán estos dos días compartirán sus experiencias y darán cuenta de sus avances. El grupo adscrito a El Colegio de San Luis ha realizado un estupendo trabajo en su cometido. Para nosotros ha sido muy importante que ellos se sientan parte de la Comunidad del COLSAN, porque representan la renovación generacional de investigadores, porque han venido a fortalecer nuestros programas de investigación y docencia, porque comparten al igual que el resto, el anhelo por contribuir al desarrollo científico, y de esa forma al desarrollo del país.

Los temas que abordan son de amplísima importancia, pues se refieren a la innovación de los sistemas agroalimentarios, a la agenda social del agua, a los riesgos hidrometeorológicos.

Su participación en el alcance de las metas institucionales ha sido muy importante, por eso agradezco y felicito al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología la creación, desarrollo e impulso al programa de Cátedras de Jóvenes Investigadores, un proyecto que sin duda debe de continuar en un afán de comprometerse con el futuro del país.

 

 

* Discurso pronunciado en la apertura del 1er Simposio de Cátedras CONACYT, 16 de agosto de 2018

Un viaje de Heródoto

Maestría en Historia (10ª promoción)

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Muy buenas tardes a todos los presentes:

Hoy es el día no en que se cierra, sino en el que inicia un nuevo ciclo en nuestras vidas. Llegar aquí no ha sido tarea fácil, pero mirando en retrospectiva el tiempo ha corrido veloz, y ahora parece que fue ayer que comenzábamos la maestría. Nuestros primeros momentos fueron un intento de unificación de once estados mexicanos y una isla caribeña en un sistema de entendimiento común. Los intercambios de experiencias, referencias, los chistes y las explicaciones de estos, fueron logrando una cohesión, una armonía de 17 personas muy diferentes entre sí, que siempre fomentaron un clima de cordialidad y respeto en clase que nos permitió dialogar, incluso acaloradamente. Lograr un discurso a nombre de todos tampoco es empresa fácil. ¿Cómo expresar en diez minutos 17 opiniones, y cómo hablar de 17 experiencias a lo largo de dos años?

En el proceso de nuestra formación como maestros en historia, en que hemos dado tropiezos y vuelto a levantar, damos gracias a todos los que han hecho posible esta etapa y nos han acompañado. En primer lugar, pero sin ánimo de jerarquizar, agradecemos a Conacyt, por la oportunidad de dedicarnos plenamente a esta noble tarea de estudiar y por ayudarnos a contribuir al conocimiento histórico. Al Colegio, que nos ha ofrecido la comodidad de sus instalaciones, su paz, su intimidad. Y gracias, claro, a los profesores que se atrevieron a aceptarnos en el posgrado, gracias por haber confiado en cada uno de nosotros.

A lo largo nos sufrieron en las aulas, gracias y disculpas. Gracias por todo el conocimiento transmitido, pero disculpas por someterlos a opiniones y argumentos a veces no tan certeros; a exposiciones de horas (monólogos más bien); a bromas fuera de lugar… disculpas por haber incurrido muchas veces en un exceso de imaginación histórica, o en una ausencia total de ella. A los profesores cuyos chistes nunca entendimos, no tenemos nada que decirles, seguimos tratando de entender… A los que nos han sufrido doblemente, en calidad de profesor y de director de tesis, un agradecimiento especial. A los tutores que ya no tenemos al lado, gracias por ese primer impulso, el decisivo. Al personal de docencia, finanzas, cómputo, biblioteca (sobre todo Araceli y José Luis), gracias por todos los trámites y servicios a los que fueron sometidos y que tan diligentemente cumplieron.

No se trata de retirarnos hoy de este salón con lágrimas a borbotones, despidiéndonos para siempre de aquellos que se alejan. No. Hoy estamos más cerca que nunca unos de otros. Hoy nos sabemos una gran comunidad académica. Hoy festejamos esta etapa. Hoy brindamos por las madrugadas sin dormir. Hoy brindamos por las noches heladas en salones de cristal, cuando no nos rendíamos ante el cansancio, porque, quién se rinde en un viaje de Heródoto. Festejamos, en fin, porque en su primera acepción en la RAE; festejar es celebrar, y celebramos los logros. No ha sido fácil, es cierto, pero hoy festejamos por fin

 

Muchas felicidades a todos los egresados.

En nombre de nuestra 10ª Promoción, gracias.

“Contigo aprendí…”

Maestría en Literatura Hispanoamericana (4ta Promoción)

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Por: Roberto Rodríguez Reyes

Desde mi tierra, que carece de pasado virreinal y raigambre católica, San Luis Potosí suena a rimbombancia monástica y bonanza perdida. Nunca imaginé que además era ciudad de cierto encanto que atesora lindezas patrimoniales. Las de San Luis me fueron ofrecidas desde el primer día que llegué: primero, las enchiladas potosinas, que un mesero me hizo comer de- todas-todas bajo el viejo estándar mexicano de “lo enchiloso” (ya saben, cuando dicen que no pica, va a picar); segundo, cuando el chofer de un camión pasó, después de haberlo esperado por veinte minutos, y me dejó plantado allí, en la misma esquina donde me dejaría muchas otras veces más, sin siquiera poderle gritar “las cuatro cosas” que en mi tierra gritamos a los “guagüeros”; y tercero pues (la razón que me trajo hasta aquí) se me ofreció El Colegio de San Luis.

Dice Lezama, en el inicio del capítulo 9 de Paradiso, que Upsalón (nombre mítico que le da a la Universidad de La Habana) tenía “algo de mercado árabe, de plaza tolosana, de feria de Bagdad”. Yo que ya venía de semejantes pasajes míticos choqué de repente con una piedra color tezontle que no hay cristalería que rebaje su imponencia con forma de laberinto sinuoso y desafiante espiral. No por haber leído a Borges de arriba abajo y haber soñado muchas veces con el minotauro, el golpe del cambio es menos pasmoso y las sorpresas del futuro menos estridentes. Y todos mis compañeros lo pudimos experimentar: los que venían de Baja California Sur, los que salían de la Autónoma de San Luis, los que todavía sollozaban por la UNAM, los que llegaron de Zacatecas y del Estado de México; todos, que dejamos casa, familia, trabajo y un poco del adolescente que fuimos, llegamos de repente al Colsan y lo habitamos. Al principio fue duro, claro, pero luego lo hicimos, aprendimos esa lingua franca que hace falta, el “colsanés” (todos ustedes lo conocen), y echamos a andar como en una aventura que a mí se me antoja medio mágica, medio realista. Y díganme si no es así:

Una tarde asediados por “el mal del puerco” terminamos cantando boleros abrazados de una portentosa negrona habanera que se decía La Estrella y compartiendo el trago con Guillermo Cabrera Infante; en cierta ocasión, mientras caminábamos desde la cafetería hasta el Cono, nos sorprendimos buscando cómo ajustar la ciudad letrada de Rama a la comunidad del Colsan. Dígname si acaso no es raro que hayamos dedicado seis meses a ensayar una definición de lo indefinible aun cuando sabíamos que la clave era precisamente ensayarla; y miren qué cosa que en una clase de poesía nos aventaron los ojos por sobre los muros del laberinto para que nadie olvidara que acaso the truth is out there. Una vez, incluso, nos subimos a un ring de boxeo con Gerard Genette y Sergio Pitol en una pelea a muerte sin sospechar que en secreto ya estábamos adorándolos; y caminamos las calles fangosas y melosas de una ciudad primada de pollos, condesas y pisaverdes que desapareció entre sus revistas y sus crónicas. Y ni qué decir de aquella mañana en que nos dejamos llevar por los labios de Camelia la tejana y la voz de La Llorona en un carro que conducía nada más y nada menos que El Jergas rumbo a quién sabe qué parajes del norte cercano; y hasta llegamos a creer de nuevo, como “las gentes muy grandes”, en brujas que son estrellas, en diablos que roban almas, en serpientes que emulan a los niños y luego los matan.

Y sí, Colsan, mágica y realista y delirante ha sido esa manera tan particular de acoger a tus estudiantes, de atraer con ese misterio que irradia una biznaga que nos hace las veces de Alma Mater, con esa humilde majestad de una Juanita cualquiera, impartiendo a doctores y licenciados lecciones de grandeza. Quien se ha sentado al lado de la Juanita o ha puesto un poco de atención al pasar quizás haya podido escucharla cantar. La Juanita, como una madre cualquiera, canta boleros de Armando Manzanero, y acaso es por eso, Colsan, que contigo aprendí, aprendimos, que el cielito lindo es algo más que un himno para entonar cuando la selección nacional obra milagros en ultramar y que la región más transparente no es sólo el símbolo de una literatura nacional, sino la viva realidad de las demasiadas mañanas soñolientas en que asistíamos a clase.

Contigo aprendimos, Colsan, que el laberinto se puebla no sólo de autos y silencios por momentos inquietantes; que en realidad cobra vida diáfana en los buenos días del poli a la entrada, en la sonrisa de Dulce, escoba en mano, tratando de mantener belleza y orden en un mismo espacio, en la figura de Araceli tras ese mostrador como una giraldilla deshacedoras de entuertos y requiebros bibliográficos, en la amabilidad de la señora que se acerca con las siempre salvíficas galletas y café para todos los ayunados que, a paso de zombi, llegamos a las salas de conferencias, o en la jovialidad inconfundible de Chui que aparece, donde menos uno lo espera, con ese garrafón a la espalada como una deidad paganísima y nuestra que hace sacar agua en medio del desierto que nos rodea.

Contigo aprendimos, Colsan, que las familias en todos los lados se aman y se odian, que las elecciones políticas apenas son el juego al que se sueña por más que tengamos las ilusiones perdidas; que cuando te crees más solo que la luna queda tu gente, Colsan, esos investigadores, profesores, doctores y licenciados que pueden ser ante todo esa mano que hace la llamada que te salva, la plática que te hace sentir de nuevo en casa, la familia nueva que ganaste, que te trae un regalo el día que no es tu cumpleaños, que te comparte la carrilla en pleno congreso andando sobre el encopetado y ridículo de al lado.

Por eso es hora de decirte: muchas gracias Colsan. Gracias a México, gracias al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (el devotamente invocado “Dios Conacyt”), gracias a la comunidad del Colegio, que es la Juanita, el Dr. David Vázquez y el resto de su tropa, gracias al Programa de Estudios Literarios, gracias a los maestros, a los amigos. Tengo la impresión de que en México existe la costumbre, quizás única en el mundo, de responder “gracias” al que acaba de ofrecerlas. Hoy sin embargo, Colsan, quisiera que nos des la oportunidad de hacerlo sólo nosotros, y de pedirte quizás (parafraseando al gran José Alfredo) que te tomes una última botella con todos, que es el último trago y ya no vamos.

 

Dra. Horacia Fajardo Santana (Guadalajara, 1957- 2018).

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Por: Mauricio Guzmán.

No fue una autora prolífica, Dar de comer a los dioses (2007), su único libro, sin embargo, deja una huella indeleble dentro de la literatura especializada sobre la cultura wixárika (huichola). En este caso sus coordenadas, un tanto distantes de las preocupaciones etnológicas, revisten importancia a la luz de la reflexión sobre la vida cotidiana, las controversias y estrategias que hacen de la reproducción cultural un asunto en constante negociación hacia dentro y hacia fuera de los límites comunitarios.

En sus otros textos publicados en revistas, ponencias y memorias de congresos encontramos la insistencia en varios temas asociados al desarrollo. Básicamente cuestiones relacionadas al proceso salud enfermedad, como lo son: el cáncer cérvico uterino, el papel de los promotores sociales de salud, la interacción entre médico tradicionales y los especialistas biomédicos y de manera enfática, en los últimos años, el envejecimiento como un problema de política pública.

La formación de su pensamiento se vincula primeramente a la obra de Marx, esto ha sido confirmado por su paso juvenil en grupos alentados por el trabajo misional de la teología de la liberación en Guadalajara en la década de 1980. Pero como médica interesada en la resolución de problemas prácticos el mayor influjo de sus escritos viene a partir de la perspectiva orientada del actor que aprende durante su formación como estudiante de maestría, primero, y luego de doctorado en la Universidad de Wageningen, bajo tutela directa del Dr. Norman Long. Testimonio de ello es su trabajo como traductora de Sociología del Desarrollo, la versión castellana mejor lograda de la obra de este antropólogo inglés radicado en Holanda, coeditada por el Colsan y el Ciesas en el 2007, edición actualmente agotada.

Nos consta y sus publicaciones no van a desmentirnos, que Horacia Fajardo fue una lectora atenta de la obra de Merleau-Ponty, de Michael Foucault y que entre sus autores preferidos dedicados a la antropología médica se encontraba Thomas Csordas. Podemos, entonces hacer referencia a ciertas claves de su formación intelectual: era una pragmática idealista, que incentivaba entre sus alumnos la buena observación-descripción como primer antídoto para combatir el teoricismo, es decir, el exceso, la especulación teórica sin bases empíricas sólidas. Memorable sus escritos que aluden los temas de la interculturalidad en la práctica médica; la conversión religiosa en el caso de los huicholes evangelistas (Fajardo, 2014) y su análisis sobre el caso de los niños lobo en el albergue comunitario de una comunidad wixárika (Fajardo, 2010). En el tono de lo que pudo haber sido, nos quedamos en la espera de un segundo libro que recogiera su experiencia y trabajo sensible y empático con especialistas rituales de la huasteca potosina. Esperamos que en un momento se puedan recuperar sus apuntes para un publicación póstuma; por lo pronto esperamos la próxima aparición del libro “Forcejeos y resistencias: aportaciones sobre antropología médica y e cuerpo en las investigaciones de posgrado”, obra que coordinó con su ex alumna Mónica Luna Blanco y que se será coeditada por el Colsan y el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA).

Talleres del Semillero Científico se imparten en comunidades rurales

Los talleres del Semillero Científico se trasladaron a la comunidad de Peñasco y se impartieron a cerca de 90 alumnos de la telesecundaria Sor Juana Ines de la Cruz. Acudieron investigadores y talleristas que apoyan este proyecto de ciencia básica, el cual incluye talleres de Física e Historia, entre otras disciplinas, que de manera conjunta organizan El Colegio de San Luis y el Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología.

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Entre los talleres que se impartieron destaca el de “Monumentos funerarios”, a cargo de la historiadora Adriana Corral; además de talleres de Robótica; Pigmentos naturales, por parte del grupo CITECI (Ciencia y Tecnología al Alcance de Todos); de Física, por parte de los talleristas de la Tuna Cuántica; así como talleres de la Luz y hologramas, y un taller sobre Territorios, políticas y cultura del agua, del programa Agua y Sociedad, de El Colegio de San Luis.

Los alumnos de primero a tercero de secundaria participaron acompañados de sus profesores y armaron rompecabezas, construyeron un carrito con impulso propio (basado en aspectos de la física) a base de materiales reciclados, entre otros experimentos.

La investigadora Briseida López, de El Colegio de San Luis, y la Dra. Roxana de León, del COPOCYT, coincidieron en destacar la importancia de llevar este tipo de actividades a niños de zonas rurales en donde la ciencia y la tecnología todavía no son recursos cercanos o cotidianos. Reiteraron que se pretende fomentar las vocaciones científicas en los menores para que continúen sus estudios en cualquier área de las ciencias sociales o ciencias exactas, pues ellos serán los futuros investigadores que aporten soluciones a los problemas del país.